El problema
Un negocio mayorista corriendo sobre WhatsApp
MC Nails vende a través de una red de distribuidores. Cada pedido entraba por mensaje, se confirmaba por mensaje y se rastreaba por mensaje. La factura llegaba por correo cuando alguien se acordaba, y el saldo de recompensas de cada distribuidor vivía en una hoja de cálculo que solo una persona sabía leer.
Eso funciona con diez distribuidores. Con una red creciendo, cada pedido consume tiempo de alguien del equipo — y el costo no es el tiempo, es que el negocio no puede crecer más rápido de lo que esa persona contesta mensajes.
La solución
Que el distribuidor se sirva solo
Un portal donde el distribuidor entra, ve el catálogo con sus precios, arma su pedido, elige cómo pagar, descarga su factura y consulta sus puntos — sin escribirle a nadie. Y del otro lado, un panel donde el equipo de MC Nails opera todo eso con los permisos que le corresponden a cada quien.
La parte difícil no fue el catálogo ni el carrito. Fue que las reglas de negocio se cumplieran solas: puntos que caducan, permisos que no dependen de la buena fe, y datos fiscales que no cambian sin que alguien los apruebe.
_Cómo se ve por dentro
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La anatomía del sistema.
_Con qué está construido
Lo que aprendimos
El diseño no siempre se pelea con la marca
MC Nails tiene una identidad viva: naranja, coral y crema. Un portal B2B suele terminar en gris corporativo porque “es una herramienta de trabajo”. Aquí se hizo lo contrario — se tomó la paleta real de su Figma y se le puso encima un tratamiento brutalista, con bordes duros y sombras sólidas.
El resultado es una herramienta interna que se siente parte de la marca en vez de un sistema aparte. Cuando el distribuidor entra, sabe de quién es la plataforma sin leer el logotipo.